DLA - Especial | 18/06/2017 | 1:00 am
Más días para el pueblo que para la casa
Papá con todas las de la ley

A ellos, quienes con su esfuerzo, ejemplo y amor engrandecen a los hombres del mañana

Gráficas: Referencial

El cabeza de familia celebra hoy su día especial. En medio de una crisis que arropa a su familia, pero que, sin embargo, ese padre trabajador y amoroso, sale día a día para ver cómo se bandea para que en su hogar no falte nada. “Para un padre nada es difícil, ni en crisis”, señaló un papá entrevistado.

A ellos, quienes con su esfuerzo, ejemplo y amor engrandecen a los hombres del mañana, a todos los que tienen hijos, y a los papás de esta casa editorial les rendimos homenaje. ¡Feliz Día del Padre!

Angélica Da Silva / Patricia Araujo / Karley Durán.-

Los funcionarios de seguridad podrán pasar largas jornadas de trabajo y tener la cara más seria, pero su rostro se transforma con sus hijos a un lado. La ternura, comprensión y guía también están de la mano de quienes nos protegen, y hoy DLA los felicita por ser hombres de admirar, que con alegría reciben sus pequeños cuando llegan a la casa

 “¿Has visto a los superhéroes? Esos de las historietas, ellos están solteros, porque sino no podrían luchar contra el mal y hacer prevalecer la justicia” (risas), bromeó un funcionario adscrito a un cuerpo de seguridad en la entidad, pero detrás del cargo que ocupa, hay un padre de familia preocupado por dar a sus hijos un país seguro.

En la vida real los uniformados, sin capa ni súper poderes, prestan servicio bajo órdenes generales para cumplir una misión de protección, resguardo y defensa, establecida en la ley, para beneficio del pueblo al que pertenecen, de la patria.

Aunque diversas tesis sostienen que los ciudadanos han perdido el respeto y la confianza hacia los uniformados, cada día hay más funcionarios que procuran ser el mejor ejemplo para sus hijos, de honrar a su familia, y mantenerla con el salario que devengan.

Pese a que cada año se suman más hombres a las filas de los cuerpos de seguridad de la nación por vocación de servicio, la cifra está por debajo de la contemplada para cumplir su misión, y por ello las “redobladas” de jornada se han vuelto costumbre.

Hombres de familia y con familia, sacrifican horas de compartir con sus hijos para servir a la ciudadanía. Su trabajo no tiene horario establecido, no permite marcar citas en agenda, por ello muchas veces se pierden de momentos importantes junto a su familia, ¿cómo compensar las faltas? Ellos nos responden…

¡Feliz día!

Aunque hoy en Venezuela se celebra el día del padre, la honra a la paternidad no se confina a un día, lo saben quienes hoy estarán de servicio y tendrán que celebrar y compartir junto a sus hijos en otra oportunidad.

Bilfred Bastidas ha prestado más de 30 años de servicio a la GNB, por cumplir su labor no pudo estar presente en el nacimiento de uno de sus hijos, y cada año celebra el cumpleaños de su hija sin poder estar junto a ella, pues coincide con el aniversario de la guardia y debe asistir a las actividades, más ahora como Comandante de Zona. Asuntos que le reprocharon de niños, aunque su madre se encargó de hacerlos entender. En algún momento pensó en retirarse para dedicarse por completo a su familia, pero ellos mismos se negaron, no podían permitirlo después de tantos años de sacrificio, por eso disfrutan las oportunidades cuando las tienen para compartir.

Jesús Alvarado forma parte de la GNB y hace un año con siete meses que es papá de Ana Lucía, a quien quisiera ver todos los días pero el trabajo no se lo permite debido a la dedicación exclusiva que amerita y apenas luego de 30 días continuos es que obtiene permiso para ver a su familia. “Antes no me preocupada trabajar en otros estados del país, si me preguntaban podían enviarme a Amazonas pero ahora con mi hija aquí no quiero estar lejos, mi prioridad es estar cerca de ella”, comenta Alvarado. De los valores que aprendió en la institución quiere transmitirle a su hija la ciudadanía, responsabilidad, compromiso en todas las áreas que le toque asumir en la vida.

Douglas Arandia suma 17 años al servicio de la PNB, y en los últimos años ha tratado de ver a sus tres hijos, al menos un rato cada dos días. Cuando redobla o debe viajar en comisión los niños se preocupan, preguntan cuánto tiempo deben esperar para ver otra vez a su papá. Se confortan cuando están juntos. Por lo que ven y oyen de los noticieros, se encomiendan a Dios y se encarga de inculcarles respeto hacia los funcionarios, y que observen lo mismo de parte de los uniformados, comenta que sus hijos dicen con orgullo en la escuela que su papá es policía y que sin duda “el regalo más grande es despertar y verlos, darles la bendición, un beso y un abrazo”.

Rafael Gómez tiene 27 años al servicio de la PNB, sus tres hijos cursan estudios superiores en la actualidad, y gracias a la tecnología pueden hablar y verse a diario pese a la distancia, pero antes, cuando eran pequeños, mientras trabajaba era difícil mantener en “constante monitoreo” sus actividades y relaciones, por lo que se encomienda a Dios y pide por ellos, “que agarren el camino de las buenas costumbres” le importa, por eso está orgulloso de que busquen ser profesionales. Hoy celebra el día del padre como cualquier otro, trabajando. “Llegará el tiempo, cuando nos jubilemos, para dedicarles el resto de nuestra vida”.

Rolando Matuzalén lleva dos años al servicio del Cicpc. Antes de pertenecer al equipo de la Policía Técnica Judicial se convirtió en padre, y reconoce que al asumir el cargo su tiempo se redujo, está mucho tiempo fuera de casa y lejos de los niños. Aunque procura asistir al colegio para consultar sobre su rendimiento con la maestra no puede participar en la mayoría de los actos, lo que molesta a sus hijos, sin embargo, está pendiente de ellos todos los días, y cuando comparten les explica para que entiendan sus faltas. “Todo lo que hacemos es en pro de ellos, son un pedacito de nosotros mismos”.

Héctor Dorante se convirtió en papá justo antes de ingresar al Cicpc, hace dos años, y cree que la responsabilidad de mantener un hijo lo hizo madurar. “Tengo que cumplir con mi trabajo y con mi condición de padre” reflexiona. Cuenta que viaja casi 7 horas por carretera cada cierto tiempo para poder abrazar a su bebé, para estar en las fechas especiales pide permiso con anticipación, mientras está de servicio recurre a los artilugios de la telefonía instantánea, una videollamada, para hablarle y ver cómo reacciona. Confía en que su esposa y su mamá ayudarán en la crianza para que tenga buenas costumbres en el futuro.

Argenis Quevedo es bombero desde hace nueve años, forma parte del equipo de atención pre hospitalaria de la estación La Beatriz y tiene un hijo de 5 años. A pesar de sus ocupaciones en múltiples emergencias que demanda la presencia de los “héroes de azul” nunca ha faltado a un cumpleaños de Jesús David. “Le ha dicho a su mamá, abuela y maestras que quiere ser bombero, en casa utiliza mi uniforme y al escuchar una ambulancia sale a verla y me avisa” así su hijo le hace saber el orgullo que siente tener un papá bombero y por eso quiere seguir sus pasos.

Wuilliam Bastidas es el jefe de la estación La Plata con 26 años de servicio y tres hijos, al poco tiempo de ingresar al cuerpo de seguridad, su fiel compañera lo hizo padre; la mayor de sus hijas ya lo hizo abuelo, tiene tres nietos. Por el compromiso de Bastidas con los bomberos su esposa ingresó a la institución y según él la relación de familia ha sido de entendimiento total. “Nos entendemos muy bien, compartimos todos los quehaceres, la atención de los niños, quién los lleva a la escuela, quién los busca y ellos que comprenden nuestro trabajo colaboran para que las cosas salgan como debe ser; se adaptaron a nuestro trabajo y el tiempo libre lo aprovechamos para estar juntos y compartir”.

Jhonny Terán oficial de las Fapet en la ciudad de Valera es padre de Erismar, Jonanderson y Andrés, trata de verlos todo el tiempo y cuando no puede insiste en comunicarse por cualquier vía: telefónica, familiares e inclusive compañeros de trabajo que lo apoyan y saben qué se siente no saber de los descendientes. “Sí ha habido reclamos de parte de mis hijos por la ausencia, se ponen tristes me dicen que no estuve con ellos y por qué trabajo tanto, pero también saben que con mi trabajo tienen el sustento” comentó Terán. Se sentiría orgulloso si alguno de ellos sigue su ejemplo en el cuerpo de seguridad regional.

Marcos Conde tiene a su primogénito y tocayo de 7 años como la luz de sus ojos, “es igualito a mí” asegura que ser papá le hizo madurar de una vez. No vivir con él hace que lo extrañe y lamentablemente deba faltar a los eventos especiales. “Los niños no mienten y en su inocencia reclaman las cosas, porque uno no está cuando ellos esperan y eso me hace un nudo en la garganta”. Anhela poder enseñarle a Marcos el valor de la honestidad como el más importante, porque ser policía no es fácil pero ya el niño ha manifestado el deseo de formar parte de los uniformados Fapet.

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