DLA - Agencia | 17/07/2017 | 11:05 am
Las ayudas han bajado pero la enfermedad continúa
Por Francis L. Pérez Rivero.-

El cáncer es una enfermedad costosa y de lenta recuperación. Para el año 2014, las cifras apuntaban a que unos 15.780 niños y adolescentes, desde recién nacidos hasta los 19 años, recibieron este diagnóstico 

El cáncer es una patología común en adultos y poco frecuente en niños, pero aun así es una de las principales causas de muerte por enfermedad en jóvenes. En Táchira, apenas la Asociación Andina de Ayuda al Niño con Cáncer -Anican- atiende a más de 200 niños en diferentes etapas de la enfermedad, todos pacientes oncológicos del Hospital Central.

Pero más que una casa abrigo, los pacientes requieren de ayuda económica debido al alto costo de los estudios y tratamientos, de allí que gracias al aporte de la empresa privada y del voluntariado que actualmente ronda las 40 personas, Anican brinde su apoyo.

Un 80 % de los pacientes pediátricos oncológicos, son de escasos recursos y familias que viven fuera de la capital tachirense, las ayudas que reciben desde Anican son fundamentales para la recuperación de los niños; sin embargo, estas ayudas y donaciones cada día quedan más cuesta arriba.

Comenta Sandra Chacón, voluntaria de Anican, que los donativos de las empresas privadas y de particulares han disminuido en un 70 %. Los tratamientos médicos han aumentado de precio y la cantidad de pacientes oncológicos va en aumento. “No tenemos los mimos ingresos que teníamos antes, grandes colaboradores ya no nos apoyan debido a la situación país y cada día tenemos más asistencia de niños oncológicos diariamente, al menos uno, para ser diagnosticado, y esos estudios son sumamente costosos”.

Explica Chacón que muchas familias que se enfrentan a esta enfermedad no saben cómo afrontarla y la vida cambia totalmente a razón de la persona diagnosticada. Historias hay un sinfín, algunas con final feliz y otras con desenlaces trágicos, cada niño es una vida, una historia distinta qué contar, de una enfermedad que se desarrolló de un modo distinto y que se complicó con otras patologías. En todas ellas, los niños deben someterse a biopsias, procesos, estudios especializados, tratamientos costosos.

Asegura Chacón que todo lo que tiene que ver con el cáncer es difícil y más aun cuando se trata de pequeños. La parte económica juega un papel fundamental, pues muchos de los estudios deben practicarse o comprarse en Cúcuta y al cambio es casi imposible costearlos.

“Actualmente tenemos más de 200 niños, todos están en un proceso distinto de quimio, unos iniciando, otros diagnosticando, otros finalizando y otros ya en mantenimiento. Es muy costoso, son varios niños, son diferentes tipos de quimioterapia, una de dos ciclos puede rondar los 500 millones, eso depende del paciente y la condición”, comenta.

Para poder continuar con las ayudas, desde Anican hacen eventos como potazos y caminatas, acuden a las empresas, doctores y todos aquellos que deseen realizar aportes para ayudar del modo que puedan; solo que no son suficientes. De un año para acá las condiciones y aportes han ido en declive y los ingresos no son los requeridos porque los exámenes aumentan diariamente.

“Son muchas cosas, aquí te hablo solo de estudios, no de tratamientos. Hay algunos que deben practicarse en la ciudad de Caracas y eso implica otros gastos, conseguir el traslado ida y vuelta, alojamiento, comidas, dinero para que las familias puedan moverse porque son de escasos recursos”.

En lo que va del año 2017, más de 25 niños han fallecido producto de complicaciones de la enfermedad y diferentes causas. Los voluntarios dicen que se trata de una patología de alto riesgo, “puede ser por falta de un medicamento, puede ser por una gripe que se descompensó, pueden ser muchas cosas y así como fallecen recibimos nuevos ingresos; justo ayer llegó un bebé de dos años”, comenta Chacón.

Casa abrigo Anican

A la casa abrigo, ubicada en la Unidad Vecinal, calle 4 casa número 12 (bajando del liceo Ebro) pueden acudir quienes quieran colaborar con ropa, medicamentos, aportes o para participar como voluntarios, deben ser mayores de edad, con disposición de tiempo y ayuda a los niños. De igual modo quienes deseen realizar colaboraciones pueden hacerlos a través de la cuenta del banco Sofitasa 0137-0005-20-0000089831 y para mayor información comunicarse a través de los teléfonos 0276- 3473695 o 0414-7086208, están disponibles las redes sociales @anicantachira en Instagram @anican_tachira en Twitter y anican en Facebook.  


“Es como un mal sueño, nunca imaginé que mi familia pasaría por esto”

Cada diagnóstico es distinto, cada familia asume la enfermedad de un modo particular, la gran mayoría se entera por casualidad, muchos ignoran lo que es el cáncer, pero todos esperan que su niño pueda superar la enfermedad.

Gabriel González tiene 7 años. Fue diagnosticado el 7 de febrero de este año; su madre Shirley García cuenta que a pesar de que ha escuchado hablar del cáncer jamás pensó tener que vivirlo tan de cerca con su hijo menor, un niño que describe como alegre, juguetón y saludable. Viven en La Laja, a unos minutos de San Cristóbal. Un día el niño comenzó con un dolor estomacal, su barriga era como de “embarazada”, por lo que pensaron que se trataba de una indigestión y lo llevaron al ambulatorio donde le dieron algo para la inflamación y le indicaron exámenes que llevaron al día siguiente.

Algo había en esos estudios que puso en alerta al médico tratante y fueron enviados con el pediatra. Esa doctora vio un “bultico” y los remitieron al Seguro Social. “Llegamos a las 2, nos atendieron a las 7 y allí nos dijeron que debían dejarlo hospitalizado porque no sabían qué era, allí estuvimos toda la noche y al día siguiente empezaron los exámenes”.

Cuenta García que en principio pensaron que se trataba de algo hepático, fueron descartando, hicieron un eco y la médica vio un “tumor de Wilms” que fue confirmado por una tomografía. “Cuando lo vieron nos dijeron “esto es oncología”, nos sacaron rápido para el Hospital Central donde nos atendió un doctor que preguntó que si ya estaba operado, que sin eso no podían hacer nada, volvimos a pediatría, lo hospitalizaron casi un mes, lo operaron el 25 de abril”.

Desde que fue diagnosticado, la familia ha pasado sus días entre hospitales, citas y estudios, la dedicación total es para Gabriel. Solo el esposo de Shirley García es quien trabaja. Asegura que es muy difícil y costoso tener un hijo con cáncer, sobre todo en esta situación de escases de medicamentos. “En Anican nos han ayudado mucho, mi esposo tiene unas primas en Colombia y ellas nos han enviado medicamentos, además tocando puertas, es muy difícil sobre todo por cómo está todo en el país, en estos días no pude llegar al Central por las trancas”.

A Gabriel y a toda la familia le ha cambiado la vida desde aquel 15 de febrero cuando empezó todo. “Él se cayó de la bicicleta un 15 de febrero, allí empezó, le pusimos cuidado a la herida del codo y no estuvimos pendiente de más nada. Él quizás ya tenía eso y la caída lo aceleró, la verdad no lo sé. Antes de eso era un niño sano, normal”. Ahora tiene una alimentación especial, lo cuidan del clima porque es como una esponja, absorbe todo y puede complicarse, adicional a eso ya no va a la escuela y él dice que tiene un “tumor de Wilms”, pero realmente no sabe qué significa.

En la familia Gabriel es el segundo niño que padece esta condición, antes que él fue diagnosticado su primo de tan solo 16 meses de edad, fue operado en febrero de este año del riñón izquierdo.

“Puede ser genético. Tratamos que su vida sea normal, no va a la escuela porque estuvo muy delicado, se asusta porque lo empujan y siempre hay limitaciones. Los médicos dicen que con el tratamiento y el favor de Dios todo saldrá bien, y confiamos en que así será”, dice.

      

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