DLA - Agencia | 9/06/2017 | 10:19 am
Editorial | ¡Valientes!
Yulliam Moncada.-

El semáforo cambió a rojo y una de las tres personas sentadas en la isla de la avenida se paró sobre el rayado peatonal y abrió sus brazos para extender un cartel que decía: NO + DICTADURA. Una señora de al menos 50 años con varios carteles similares, pero que no alcancé a leer porque estaban doblados, conversaba con una chica, y a la vez con quien llevaba el aviso. No pude oír lo que decían. Me quedé viéndolos, y él me miró. Estaba serio, no sonreía, hablaba, ni gritaba. Es obvio que estaba protestando.

Me llamó la atención los pocos que eran. Quise preguntarle qué hacía ahí tan solo, pero me contuve. Pudo haberme contestado: “Porque personas como usted prefieren salir a pasear”. Apenas le sonreí, con timidez y vergüenza, tratando de disculpar mi ausencia, y miré al frente, esperando la luz verde. Pasaron otros carros y tocaron corneta en señal de apoyo, entonces pensé que pude haber hecho lo mismo, pero no se me ocurrió. Estaba ensimismada tratando de entenderlos.

No era concentración, plantón, ni trancón. Ningún dirigente político o estudiantil había llamado a pararse en un semáforo el sábado a las 4 de la tarde con un cartel, bajo el sol y mientras otros bebían, comían, gritaban, saltaban, reían, y hasta lloraban, viendo la final de la Champions League. ¿Entonces qué hacían ahí? ¿No tenían otra cosa qué hacer? ¿Por qué no juntaron un grupo mayor de personas? ¿No era ridículo?

No, no era ridículo, era valiente. Yo no lo haría, al menos no sola. Nadie dijo que no podamos expresarnos en pequeños grupos o de manera individual, y tampoco, que deben ser los “líderes” políticos o estudiantiles quienes tomen la iniciativa. Si la lucha es contra la dictadura, debe hacerse desde la libertad. Somos libres de escoger el día, la hora, la forma y el porqué de nuestra protesta, con quién hacerlo y hasta cuándo.

Muchos nos cohibimos de salir a la calle a manifestar nuestro descontento porque las convocatorias no las hacen quienes quisiéramos, o porque no protestan de la manera que nos gustaría, porque son muy violentos, porque se cubren sus rostros, porque roban, porque amenazan, porque incendian, porque golpean, porque trancan las vías, en fin, porque esa no es la manera de hacerlo, según nosotros.

¿Pero hemos tomado la iniciativa? ¿Hemos decidido aportar ideas en lugar de criticar las de otros? ¿Hemos convocado al menos a nuestros vecinos a discutir la situación y a hacer algo para cambiar lo que no nos gusta y conseguir lo que queremos? ¿Le hemos preguntado a los demás por qué hacen lo que hacen, o al menos estamos seguros de que son ellos? Quizá si nos atreviéramos, si encontráramos la valentía de estas tres personas paradas en un semáforo la tarde de un sábado, los cambios llegarían. Pero preferimos aislarnos, desligarnos y acobardarnos.

Seguí avanzando por la avenida y encontré a un gran grupo de personas. Estas sí gritaban, gesticulaban, saltaban, se agarraban la cabeza, y bebían frente a un televisor en medio de la calle. Entonces sí les toqué la corneta, porque invadieron la calle y trancaron un canal. Ahora la seria era yo, y la mueca en mi cara era de reproche. Seguía siendo sábado por la tarde, y mientras tres protestaban, 30 celebraban.

Yulliam Moncada

Editorial publicada en Los Andes Semanario del Táchira edición 70º vigente del 9 al 15 de junio

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