DLA - Agencia | 13/03/2017 | 9:36 am
Salvar la vida de un paciente depende de los “contactos”
Publicado en Los Andes Semanario del Táchira edición 58 por Judith Valderrama.-

Un sistema de salud comparable con un estado de post guerra,  donde salvar una vida  o calmar un dolor básico puede ser imposible porque no hay medicamentos, es la descripción que hace el médico cirujano Sáenz, quien pide al Gobierno se reúna con médicos de hospital que conocen la realidad y entre todos apliquen urgentes medidas de emergencia porque la población está muriendo, afirma

Como en postguerra, donde la gente corre enferma buscando ayuda y todo queda devastado, así dibuja a grandes rasgos la salud pública el médico cirujano José Sáenz, quien dice que su visión no es una exageración porque lo ve a diario en farmacias y como colaborador del Hospital Central de San Cristóbal.

“En el Hospital y en todos  los centros públicos, la gente literalmente anda desesperada. Cuando consigue ser atendida debe comenzar a recorrer decenas de farmacias buscando el tratamiento indicado, y en la mayoría de casos la respuesta que se consigue en la farmacia es: no hay, y un no hay, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Además, la mayoría de gente en el país no tiene vehículo y debe hacer su peregrinar caminando”.

Sáenz, asegura que el drama es inimaginable por quien no vive en carne propia la realidad. Considera que la salud pública venezolana no es gratuita, que eso es irreal desde hace mucho tiempo: “En este país  es muy costoso salvar una vida, los pacientes deben llevar el kit quirúrgico para una cirugía en cualquier hospital. Y es lamentable que una vida dependa muchas veces, de tener contactos”.

El galeno sostiene que el Gobierno miente cuando dice que los hospitales están dotados de insumos y asegura que al  Hospital Central deben llevar todo, desde alcohol, hasta analgésicos. Vas a las farmacias y más de 50 personas están en cola, el médico debe indicar hasta 10 medicamentos del mismo componente, y agrega que ir a comprar a la frontera es muy costoso”.

El médico Sáenz durante años trabajó en la red de asistencia pública venezolana, en el hospital Dr. Jesús Yerena de Lídice, en Caracas, y sin ser nómina del Hospital Central de San Cristóbal presta colaboración en algunos casos de pacientes que lo requieren, porque sus funciones profesionales las cumple en el área privada.

Desde la experiencia que le da su interrelación con los pacientes, sostiene que el drama es permanente: “El pueblo está enfermo y con un pueblo enfermo no avanza un país. La gente que no tiene un dolor físico, tiene algún trastorno psicológico por los altos niveles de estrés que genera estar en Venezuela, donde la lucha solo por comer es diaria y la desnutrición está  haciendo venezolanos débiles y vulnerables”.

Comenta que pasó dos semanas buscando un analgésico sublingual, y tiene más de dos meses sin conseguir una medicina para el Alzheimer (Dazolín) de su madre y aún no ha podido conseguirla en todo el país.

El miedo también enferma

La gente está muriendo por muchos factores, la pobreza mata. Afirma el galeno que el 82,8% de la población es pobre en Venezuela y el 63% de los venezolanos no dispone de un plan de atención médica -citando el informe 2016 de la  Encuesta sobre Condiciones de Vida- y dice que mientras no haya qué comer, ni forma de curar una enfermedad no se puede hablar de una sociedad  sana y próspera: “La gente está muriendo, el Estado lo sabe y parece mirar para otro lado, porque el alto gobierno vive muy bien. El mismo personal médico que se enfrenta todos  los días a la crisis asistencial tiene miedo de denunciar esta realidad porque el Gobierno ha sembrado el miedo en todos los espacios, y el miedo también es un factor degradante de la salud mental de la población”.

¿Cómo evalúa la asistencia de los médicos en los centros públicos?

-“Los médicos venezolanos están bien preparados, pero los centros de salud no tienen dotación. En el Hospital Central de San Cristóbal,  en este momento, no están funcionando los 9 pabellones. Prometieron poner a funcionarlos todos para este primero de marzo, pero el tema no es solo infraestructura, la casi inexistencia de insumos no permite servir. Otro aspecto es el déficit de especialistas, porque se han ido de los hospitales públicos y otros muchos del país. Hay un solo urólogo en este momento en el Central y se atiende una población que supera el millón de habitantes, solo en el Táchira. Una consulta puede valer más que el sueldo de un mes de un especialista, y los médicos del hospital están ganando salarios que están hasta por debajo del sueldo mínimo, por eso emigran”.

-¿Cuáles son las cifras de mortalidad  que se manejan?

-“No tenemos estadística, el Ministerio de Salud no publica cifras desde hace más de tres años y no podemos conocer morbilidad, ni mortalidad. Pero tenemos fallas fundamentales como una Unidad de Quemados que no está funcionando por falta de dotación, no hay aire acondicionado en el área y los pacientes quedan hospitalizados fuera de ese espacio, a pesar de que hay buena atención médica, así es muy difícil”.

A grandes rasgos y como médico venezolano, ¿cuál sería la forma de ir normalizando el complejo funcionamiento del sistema de salud pública del país?

-“Que no haya insumos en los centros de la salud y la población no pueda conseguirlos por su cuenta, hace imposible la cura de una enfermedad por leve o compleja que sea. El Gobierno debe reunirse con los que saben, los médicos de hospital, y permitir que con ellos mismos se pueda crear un plan de autogestión como lo está haciendo Ataca y su Unidad de Gastroenterología, que cobran a la gente poco dinero para hacer un estudio; pero con esos recursos tienen una reserva con la que pueden reparar un equipo que deja de funcionar, de lo contrario el Gobierno no se lo reparará, y un ejemplo es la Unidad de Hemodinamia del Central tiene equipos nuevos, pero no hay insumos para funcionar. La autogestión, pienso,  es una manera de solventar la crisis asistencial que se vive en hospitales y la gente va a agradecer le den atención de calidad, así le cobren un módico aporte”.

José Sáenz afirma que la mayoría de la población no puede ir a un centro de salud privado, y a pesar de eso las clínicas están colapsadas porque tampoco tienen capacidad plena para responder a la demanda: “Hace unos días llevé a mi mamá a un centro de salud privado por un dolor agudo y  por permanecer en un cubículo de emergencia hasta  las 10 de la mañana del día siguiente, me dijeron que debía pagar 970 mil bolívares y no había ningún cuadro quirúrgico, simplemente era valoración, observación, placa de tórax, exámenes de laboratorio -que no le hicieron por cierto-. Le colocaron fue analgésicos para su dolor, pero yo no pude tenerla ahí porque no tenía los recursos, y quien no puede debe ir al hospital y allá el paciente muere porque no hay analgésicos, ni tampoco lo consigues en las farmacias”.

 

 

 

 

 

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