DLA - Agencia | 8/03/2017 | 12:36 pm
Hay mujeres con pene, y hombres con vagina
Especial Día de la Mujer por Yulliam Moncada.-

Para ser mujer se necesita más que nacer con órganos sexuales femeninos. Una vagina no garantiza que una persona sea mujer, o femenina. Hay mujeres con pene, y hombres sin él. La transexualidad rompe con los estereotipos de la sociedad

La realidad es más compleja que la expresión bíblica: “Y de la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre”. La ciencia ha demostrado que una mujer no es solo quien nace con una vagina, sino quien se siente, se comporta, y se identifica como tal. Hay mujeres con pene más femeninas que otras con vagina; igual que hombres con vagina y mamas, tan masculinos como quienes nacieron con falo. El sexo genital es uno, y el cerebral, otro.

Edison Pazmiño, sexólogo clínico, explica que los fenómenos que ocurren en la vida diaria tratan de explicarse a través de conceptos y constructos; unos desde la parte orgánica, científica y médica; mientras otros desde un enfoque religioso, y algunos desde el ámbito social.

En este sentido, resulta interesante revisar la palabra sexo; desde el punto de vista médico, es una condición orgánica que diferencia al hombre y a la mujer, punto de importancia en la diversidad sexual. Y desde el concepto social se aborda el binarismo sexual: Es hombre o es mujer y todo lo que salga de este contexto es considerado anormal, un trastorno. Sin embargo, ya desde la visión científica, estudios e investigaciones hablan de sexos, como tal.

Los transexuales nacen con un género y se identifican con otro. Se les considera el tercer género, por ser intermedio entre el masculino y femenino.

Aclara Pazmiño que una cosa es el sexo, y otra es el género; así como una es la masculinidad, y otra la feminidad. Y son tantos los criterios, que terminan causando confusión.

De acuerdo al sexo genético o cromosómico, un hombre es quien tiene 46 cromosomas XY; mientras las mujeres tienen 46 XX. Según el gonodal, una persona nace con testículos o con ovarios. En el genital se habla de personas con genitales masculinos y femeninos, una condición fenotípica. También está el sexo cerebral, es decir, la identificación interna del individuo hacia su sexualidad, si se siente hombre, mujer (o algo de por medio) más allá del sexo físico o fenotípico.

Entonces se habla de identidades sexuales, algo distinto al género, que se trata de un constructo social. Una cosa es el sexo anatómico, y otra la identidad sexual. Una persona se identifica como un hombre o una mujer entre los 4 y 5 años, y tiene que ver con el desarrollo neuronal. Hay una gran diversidad sexual y de género, podemos encontrar por ejemplo, hombres muy femeninos, pero heterosexuales; o mujeres muy femeninas y lesbianas. De hecho, dentro de la misma transexualidad se puede dar la homosexualidad, así como la heterosexualidad. 

La ciencia no ha podido identificar qué es lo que realmente pasa. Algo parecido a la sexualidad, donde hay muchas teorías que tratan de darle una explicación, pero realmente existen pocos estudios e investigaciones que indiquen por qué una persona es homosexual. No hay resultados concluyentes.


Alixe Sánchez, la niña atípica

“Con las mujeres trans hay un estereotipo, de que son prostitutas. Yo le gusto al estrato más macho de la sociedad. Creen que soy trans y estoy desesperada buscando sexo, pero no. Si alguien no se siente orgulloso de mí, yo no me siento orgullosa de él”.

A muy temprana edad, Alixe descubrió que no era una niña. Siempre lo había creído así, hasta que al ir a la escuela la visten con una ropa que no le gusta: un pantalón y una camisa. No era un vestido, ni una falda, como imaginaba. Entonces lloraba cada vez que debía ir, pero no porque no le gustara estudiar, sino porque la ropa le molestaba.

“Desde que tengo uso de razón, desde que tenía 4 años, sé que soy una niña. Más bien descubro que no soy una niña típica cuando voy a la escuela. Recuerdo que llegaba a la casa y me quedaba solo en franelilla y ropa interior, me la subía lo más que podía y decía que era un vestido. Me encantaba”.

Cuando salía a la calle y la gente decía: “qué bella la niña” era feliz. Tenía el cabello largo y las personas se confundían. No es que sus padres buscaran asemejarlo al sexo femenino, llevaba el cabello largo, como su padre, un roquero, que incluso asignó el nombre a su hijo en honor al cantante de rock, Alice Cooper.

“De niña me montaba incluso en los tacones de mamá, y me ponía su ropa. A los dos años me encontraron hecha un pegote con las pinturas de ella”. Era más que una travesura infantil.

Con el transcurrir del tiempo fue entendiendo que lo que quería estaba mal, entonces jugaba en secreto. Amarraba trozos de tela y eran como sus muñecas. Lloraba en las noches antes de dormir, oraba para que al despertar fuese una niña más y no tener que ocultarse.

Nunca se lo dijo a nadie, siempre jugó sola. Así llegó al bachillerato, y como no era buena en los deportes, camufló su debilidad integrándose al club de los cerebritos donde su falta de rudeza no era problema. En tercer año, decidió estudiar de noche para trabajar de día. Compartir con adultos fue lo mejor en aquel momento, asegura.

Nunca sintió atracción por alguna mujer, aunque ellas sí lo buscaban. Confiesa que era un muchacho bien agraciado físicamente, además de dulce, y trataba muy bien a las chicas. “Yo les gustaba, pero las veía como amigas”.

“Me obligué a tener novia para cumplir un requisito social, incluso de adulto. Me daba cuenta que las dañaba, las trataba tan bien que se enamoraban de mí. Y terminaba cortando siempre las relaciones de forma abrupta. Eso me hacía daño, me sentía muy mal. Cuando hice la transición las busqué y les pedí perdón”.

Alixe vivió 29 años como un varón estereotipado. Tenía una máscara de roquero, como su papá. Seguía llevando el cabello largo, y vestía pantalones rotos. Tenía dos motos tipo Harley. Estudiaba, trabajaba, tenía lo que cualquiera de su edad quisiera tener, pero no estaba satisfecho, se sentía muerto en vida.

Aceptaba todos los trabajos más duros, días feriados, guardias de fin de semana, suplencias, lo más pesado. No quería pensar, quería enfermar y morirse.  No tenía ilusión de vivir, incluso se metió en un gimnasio para ver si se agotaba.

“Yo no entendía por qué eso me tenía que pasar a mí, si yo era una persona buena, si no le hacía daño a nadie, si vivía orando. Eso me llevó a intentar acabar con mi vida. Cerré los ojos y me pasé un semáforo con luz contraria, y no pasó nada. Al quedar con vida pensé que Dios me quería para algo. Esa noche llovió y lo agradecí porque pude disimular mis lágrimas. Llegué a casa a buscar ayuda por Internet y descubrí el Centro de Investigaciones Sexológicas y pensé que ahí me podían transformar en el hombre perfecto”.

Alixe, una persona tan responsable, al día siguiente no fue a trabajar. Agarró su moto y se dirigió a la Torre Bianco. Pidió que le atendieran de emergencia. Les contó todo a los médicos e inició el protocolo para la transición de género. La primera fase es la investigativa e incluye exámenes muy costosos. Los resultados arrojaron que la única forma de darle sentido a su vida era esta.

“Pensé que estaban locos. Yo lo que quería era que me inyectaran algo para ser hombre. Pero me explicaron que no era el cuerpo sobre la mente, sino la mente sobre el cuerpo. Entonces inicié el protocolo de los cambios físicos. Bajé 13 kilos, me arreglé los pies, me asesoré legalmente, renuncié a uno de mis trabajos. Cuando estaba listo hablé en mi casa y lo entendieron. Luego vino la feminización del rostro, los cursos para mejorar la voz, el laser para los vellos, los implantes de pecho, pompis y cadera”.

Alixe afirma que desde que se puso el sostén nunca más volvió a sentirse triste. “Soy feliz, estoy tranquila, vivo en paz”. Consiguió verse, como se sentía, como una mujer.

“Soy tan feliz. En mi oficina me odian porque  no me viene la regla, no me duele la cabeza, los vestidos me quedan sensacionales. No anhelo ser madre. Mi meta sigue siendo lograr aportes profesionales importantes, abrir un campo para que las personas puedan desarrollarse dentro del área del conocimiento que quieran y que por fin se les dé el derecho pleno a la identidad. El cambio de nombre es lo que priva, del estudio, del trabajo, no hay un marco legal que nos proteja, y eso aumenta la vulnerabilidad”.


Karl Rodríguez se preguntaba si era extraterrestre

“El problema son los nombres, la intriga, la preguntadera. A la gente le debe importar es mi trabajo, no mi vida sexual”.

Yo nací así, no es algo que se decide”, asegura Karl Rodríguez, quien vivió por 30 años atrapado en un cuerpo de mujer y sintiéndose hombre. Durante su niñez recibió regaños y golpes por no querer usar vestidos, ni lazos; por preferir los juegos de varones y comportarse como tal.

“Estaba en la escuela y sentía que todo era  diferente. Me gustaban las niñas, y todo lo de niño: los juguetes, los juegos, la ropa. Nunca sentí atracción por cosas de niña. Me regañaban y hasta palo llevé por eso”.

Se vistió como niña y hembra adolescente, hasta que pudo costearse su propia ropa y vestirse como hombre. Confiesa que fue difícil sentir que no encajaba en ninguna parte, ni con otras personas. Se preguntaba internamente por qué le pasaba aquello, por qué no podía ser como el resto de las niñas y los niños. Sin embargo, nunca se lo comentó a otra persona. Explica que tenía amistades lesbianas y se comparaba con ellas, pero no sentían lo mismo, lo que muchas veces le llevó a preguntarse: ¿seré extraterrestre?

Solo tenía un amigo con quien se sentaba a conversar cada vez que se veían, y entonces se daba cuenta de las semejanzas entre ambos. “Teníamos los mismos gustos, los mismos intereses, el mismo sentir, algo que no era común con todas las otras personas”.

Karl explica que era muy ignorante, ni siquiera sabía que existía la transexualidad. Empezó a indagar y la descubrió. Siguió leyendo y fue obteniendo más información al respecto, hasta que un día conversó nuevamente con quien sentía afinidad, y este lo llevó al Centro de Investigaciones Sexológicas, donde estableció contacto con el médico Edison Pazmiño y un amplio grupo de especialistas, y entendió su situación.

Para el momento ya contaba con 30 años de edad y había tenido que afrontar circunstancias muy difíciles. No era solo que los demás no entendían sus preferencias, que marcaba diferencias con el resto, era que ni él mismo sabía qué le ocurría. Se preguntaba por qué era así, y no como los demás, por qué tenía que hacer cosas distintas a las que quería.

Una vez realizado el protocolo de transición de género, las cosas cambiaron. Su cuerpo y su mente son acordes: es un hombre. Aunque Karl nació con órganos sexuales femeninos, y ante la sociedad era considerado una niña, nunca se sintió como tal.

Actualmente trabaja carpintería por cuenta propia. Explica que es muy difícil encontrar ocupación laboral en una empresa, ya sea privada o pública, porque legalmente es otra persona. Además, la ignorancia y la curiosidad de las personas lo acosan e incomodan.

Lleva 10 años con su pareja sentimental, y asegura que en nada afecta su masculinidad el hecho de no poder fecundar a su mujer cuando decidan ser padres. Está consciente de la existencia de métodos científicos para conseguirlo y están dispuestos a emplearlos, cuando sea el momento.


Breck Soto, el niño que pedía un pene en Navidad

“Me siento un hombre sin pene, vine a este planeta sin pene, esa es mi definición”

Breck, nació con vagina, lo que hizo suponer a sus padres, y a todos, que era una niña. Le llamaron Brenda, le compraron vestidos, lazos y corbatas para el cabello, y todo se tiñó de rosa.

Cuando tenía 5 años de edad su papá lo consiguió haciendo pipí parado, y le dijo que las niñas no hacían eso. Breck no lo entendía, sentía que era esa la manera de hacerlo. Le gustaba todo lo que tenía que ver con un varón. En su interior, a tan temprana edad, decía: soy un niño, no una niña.

“¿Cómo a los 5 años le dices a tu cerebro que en medio de tus piernas no hay un pene, cuando para tu cerebro sí lo hay, aunque quizá lo amputaron y no se dio cuenta? Cuando eres niño no puedes entender lo que pasa. Tu mamá trajo al mundo una niña, te dicen: tú eres una niña, te visten de niña, te hablan como niña; pero eres un niño”, explica ahora Breck, quien en 2008 inició el protocolo para la transición de género, y actualmente es el hombre que siempre ha sido; sin pene, pero feliz.

El órgano sexual masculino no ha llegado. “Cuando era niño hacía cartas al niño Jesús pidiéndole que me trajera un pene, y que cuando todos despertaran, dijeran: el loco tiene un pene, es un niño, y ya. Esas cartas nunca las vio el niño Jesús, solo las vi yo”. Hoy, Breck asegura que hay hombres sin pene, y él es uno de ellos.                   

“Siento como tú, padezco como tú, me he enamorado, tengo una familia, una mujer maravillosa, dos hijos. Mi mujer me ha acompañado durante todo el proceso. Soy un tipo muy alegre, optimista, no sufrí discriminación, siempre ando con buenas vibras, me las vi rudas, como todos, pero ahorita estoy tan feliz de ser lo que soy, que creo que no me importa lo que pasó”.

Breck lleva una vida normal, tiene 10 años de relación con su pareja actual y describe su historia como “bellísima”. Se conocen desde que ella tenía 9 años y él 14. Fue su príncipe azul, y no lo sabía. “Nos conocimos, yo fui y vine, y en ese ir y venir de su vida, ella, decidió tener una relación y tuvo dos hijos. En el año 2008 nos juntamos y decidimos buscar ayuda, porque yo quería que sus hijos mentalmente estuvieran tranquilos, y sanos. Entonces hablamos con la psicólogo del colegio del niño menor, nos envió a la Torre Bianco, y desde entonces estamos juntos”.

La Torre Bianco, donde tiene su sede el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas, es descrita por Breck, como la “torre mágica”, el lugar donde su sueño se hizo realidad: que su cuerpo mostrara lo que su mente sabía. El médico Edison Pazmiño le dijo que era posible, y se convirtió en su ángel sobre la tierra. Inició el  tratamiento que ahora le permite ver en el espejo, lo que siempre quiso desde niño: un hombre.

No tiene operaciones, no se ha hecho la histerectomía, ni la mastectomía, y tampoco tiene implante de pene. Está en lista de espera para las dos primeras, pero no le interesa la última. Asegura llevar una vida sexual placentera.


 

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