DLA Columnas | 18/08/2017 | 1:00 am
Vaya usted a saber

Por: Juan(cho) José Barreto González

 

“Límpiese bien la boca si habla de revolución” es un duro verso cantado por el poeta Mario Benedetti. El maestro Isidoro Requena habla de lavar las palabras. Los campesinos de mi infancia, entre ellos mi padre Juan Evangelista, hablaban de la palabra empeñada. Pues bien, si hablamos de cambiar las cosas, debemos atender a estas tres condiciones humanas que signan, significan el compromiso por algo. Esto nos hace hidalgos, hijos de algo. El ámbito de la palabra compromiso es la cercanía, el de la palabra amor es la intimidad vital. Compromiso y vitalidad, responsabilidad por la cercanía.

Los proyectos ideológicos dominantes en Venezuela, quizás en el mundo entero, se han caracterizado por ser irresponsables ante el compromiso. Cualquier medio sirve para alcanzar los objetivos trazados desde un poder que aparece como omnímodo. Como brevario político, se dice que pasamos de la democracia representativa a la democracia protagónica. Juegos ideológicos en la epidermis de la nación, pero en el fondo los sedimentos no han sido removidos. La sociedad venezolana no ha sido fácil de transformar porque el sistema de relaciones no ha sido tocado para que la era para un corazón. El protagonismo se convirtió en una ilusión televisada y los partidos siguen en el sortilegio del poder.

La Asamblea Nacional Constituyente, cuestión lamentable, no está debatiendo con la sociedad ni con el pueblo. Esa nueva mayoría, como la llaman ahora, pudiera hacer inútil tal instrumento para convertirse en un ministerio del poder constituido para que el país “vuelva a la tranquilidad” y nuevos oligarcas de la política simulan las transformaciones históricas de fondo mientras un antiimperialismo precario se oferta como nueva consigna que oculta la diversidad en la entrega de la soberanía nacional.

La verdad desagrada, debemos edificarla. Requerimos limpiarnos la boca, lavar las palabras y predicar con el ejemplo. Ningún pueblo puede dejar en manos de burócratas y oligarcas sus momentos imprescindibles. La tarea de la convivencia exige al mismo tiempo la tarea de las grandes transformaciones aplazadas. Y son unas cuantas, vaya usted a saber.

Volvemos a un nuevo festín de las justificaciones. Seres  absurdos, falaces y deshonestos en su mayoría, anunciarán el cómo seguirán repartiendo prebendas y migajas. La tarea de las transformaciones exige tener en cuenta que no hay instituciones milagrosas. La tarea del debate creativo requiere de seres crecidos capaces de lo pequeño para que el pueblo grande se sostenga.

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