DLA Columnas | 16/07/2017 | 1:00 am
15º domingo durante el año

Por: Pbro. Tomás Fernando Espinosa Aguilar

 16 de julio de 2017

Primera lectura (Is 55, 10-11)

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: “Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé”.

Palabra de Dios.

A.Te alabamos, Señor

Salmo (Sal 64, 10-14)

R. La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto.

Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales. R.

Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros y bendices sus brotes. R.

Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosa la abundancia; rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría. R.

Visitas la tierra, la haces fértil. Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo: todos ellos aclaman y cantan. R.

Segunda Lectura (Rom 8, 18-23)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando la plena realización de nuestra filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

Evangelio (Breve) Mt 13, 1-9

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.

Palabra del Señor.

A.      Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión

Pbro. Tomás Fernando Espinosa Aguilar

Muy estimados hermanos y hermanas, A salir todos a la consulta popular, para que sembremos un nuevo país, libre y soberano. Así pues  con estos sentimientos,  vemos que la liturgia de la palabra nos invita a fijar nuestra mirada en la parábola del sembrador, parte del discurso de las parábolas de Jesús en el capítulo 13 del evangelio de san Mateo. Nuestro Señor, predicando sobre el reino, sobre nuestra salvación, buscando por medio de comparaciones y ejemplos de la vida cotidiana, trata de mostrarnos lo esencial de la vida. Jesús sale de casa y a orillas del lago, habla al corazón de los suyos. La parábola del sembrador puede provocar en algunos una respuesta generosa y en otros no, y dependiendo con quien nos identifiquemos siempre tendremos la posibilidad de cambiar e iniciar a dar frutos, animo escucha y acoge lo que Jesús hoy te dice. Jesús es el sembrados sembrador que trae la buena semilla, semilla que es vida, que es palabra de Dios, sin embargo hay quienes se niegan, hay quienes escuchan a medias y superficialmente la acogen, no la hacen vida en la propia vida, hay quienes la acogen pero son inconstantes y al final se pierden, pero también hay tantos que ahogados por los problemas y las preocupaciones no dejan que la semilla germine, y ciertamente hay quienes escuchan la palabra , ese germen bueno que cae en tierra buena, fértil, y da frutos en abundancia. Jesús de alguna manera a través de la parábola busca despertaren nosotros nuestra atención, busca abrirnos los oídos para que le escuchemos. En el escuchar, que no es simplemente oír, invita a la reflexión, a la meditación interior, que nos lleva a la obra, a un verdadero trabajo personal y espiritual que trae frutos abundantes. Tantos se preguntan cuanta esterilidad en la iglesia, entre los cristianos, y en esta parábola tenemos la respuesta. Una y otra vez Nuestro Señor nos motiva, a través de la comparación con la buena semilla y el tipo de tierra que la acoge, a decidirnos, convertir nuestra mente y corazón, para iniciar a dar frutos en abundancia. La semilla es la palabra de Dios, las palabras de Jesús,  que domingo a domingo nos interpela y busca en cada uno de nosotros construir el reino de los cielos, hacer de nosotros hombres nuevos. Imitemos a la Santísima Virgen,  quien más que ella, escucho la palabra y nos dio el fruto de salvación,  que ella nos ayude a ser es tierra buena, donde la semilla de su hijo pueda dar mucho fruto. Feliz domingo para todos!

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