DLA Columnas | 24/06/2017 | 1:13 am
Derecho a la vida

Por: Héctor Díaz

Uno de los elementos más importantes en las estructuras de gobierno de cualquier dirección ideológica es la preservación y el control de calidad de la vida de sus habitantes, el estado como declaración de principios universales establece, y allí nacen las estructuras jurídicas constitucionales para dar el marco de protección y defensa a cada uno de los seres vivos que integran esa comunidad nacional; pero qué pasa cuando ese gobierno comienza a atentar contra la propia vida y genera políticas represivas para justificar la permanencia en el poder, indudablemente, que dejó su rol fundamental de proteger a sus habitantes.

Venezuela ha pasado por distintos regímenes políticos desde gobiernos caudillos hasta dictadores, tanto militares como la hegemonía partidista en el poder, pero cada uno se cuidaba en mantener dinamizado el aparato económico, planes de inversiones generadores de empleo, producción y la renta petrolera servía como soporte financiero para la expansión de capitales; en algunas oportunidades, en los años de la democracia, llegamos a tener escasez, pero inmediatamente se activaban planes que permitía que los sectores más vulnerables de la sociedad se les garantizara el consumo alimenticio y se ejecutaban planes y programas para que aquella incidencia económica no perdurara en el tiempo, pero a la vez, se reactivaban planes de empleo, programas de microcréditos, paquetes de ayudas sociales alejados de todo vínculo partidista ya que se tenía una concepción de estado de mayor amplitud democrática y en el marco del derecho a la vida.

Al llegar el chavismo al poder en sus primeros años, generó muchas expectativas ya que su discurso estuvo encaminado a generar mayor calidad de vida a los sectores más pobres y a la clase media baja, el problema comienza es cuando desde el gobierno se inicia una escalada de corrupción y de expropiaciones de empresas productivas, que por el simple hecho de estar en manos del sector privado, ya daba pie para quitárselas con el argumento más idiota del mundo, “la burguesía nos estaba empobreciendo”. Fueron miles de empresas que pasaron a manos del estado, pero que el propio estado empezó a quebrarlas y convertirlas en simples nóminas de mantenidos del partido. La producción bajó a niveles catastróficos, las entradas por la venta del petróleo se convirtieron en desaguaderos de un barril sin fondo y el llamado “gobierno revolucionario” se convirtió en una junta de beneficencia pública para su atornillamiento en el poder.

Cuando el barril de petróleo llegó a su máximo precio, igualmente llegó la popularidad del gobierno por su regalía, es decir, entre más dólares entraban al país, mayor era la pobreza y mayor era el despilfarro del dinero del estado. El chavismo navegó en un inmenso mar de recursos económicos, pero también fue su maldición ya que sus funcionarios se alejaron de toda la ideología y de sueños para entregarse a una vida de opulencia y se fueron distanciado de ese pueblo que una vez creyó en ellos y utilizaron esa ignorancia del pueblo para ostentar inmensas riquezas; lo que hoy tenemos son ruinas de un país que camina sobre sus calamidades sociales, el derecho a la vida desapareció en el llamado “socialismo del siglo XXI” porque aquí lo está en juego es la vida, la existencia, la sobrevivencia ya que al desaparecer la comida, los medicamentos, la asistencia social, la preocupación del estado para sus habitantes queda a merced la catástrofe para todo el núcleo familiar.

Cuando el derecho a la vida desaparece generado por el propio gobierno allí comienza la necesidad histórica de un movimiento humano para tumbar aquel régimen ya que esa dirigencia del partido de gobierno y sus funcionarios, son enemigos de tus hijos cuando ellos pasan necesidades, de los mayores de la casa cuando no tenemos medicamentos para sus problemas de salud producto de la edad, para nuestros profesionales cuando se les cierran las puertas con los empleos; si queremos seguir manteniendo el derecho a la vida, tenemos que salir de este régimen en la mayor brevedad posible antes que ellos triunfen con la paz del cementerio.

 

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