DLA Columnas | 26/03/2017 | 1:00 am
4º domingo de Cuaresma 26 de marzo de 2017

Por: Pbro. Tomás Fernando Espinosa Aguilar

 PRIMERA LECTURA (1Sam 16, 1b. 5b-7. 10-13ª)

 Lectura del primer libro de Samuel

 El Señor dijo a Samuel: “¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey”. Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido”. Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”. Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a ninguno de estos”. Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿Están aquí todos los muchachos?”. Él respondió: “Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí”. Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque es este”. Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

SALMO RESPONSORIAL (Sal 22, 1-6)

 R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

SEGUNDA LECTURA (Ef 5, 8-14)

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso.

Hermanos: Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: “Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

EVANGELIO (Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38)

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar se preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?”. Unos opinaban: “Es el mismo”. “No –respondían otros–, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él.

Palabra del Señor.

A.      Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Pbro. Tomás Fernando Espinosa Aguilar

Estimados hermanos y hermanas, las lecturas del IV domingo de cuaresma nos invitan a “Venir a la luz”, como se dice de los niños que nacen. Jesús de hecho, con el gesto de hacer barro y colocarlo sobre los ojos del ciego, en cierto modo repite el gesto de la creación de Adán, cuando viene modelado del polvo de la tierra. El miércoles de ceniza, todos recordamos que hemos sido creados del polvo, hoy vemos que el mensaje es más positivo, positivo porque Dios no nos ha creado del polvo para regresar al polvo, sino que nos ha hecho del barro, del polvo, para ver su rostro. El punto importante del evangelio, no es tanto el momento en el que el hombre recupera la vista, sino cuando después de todo un proceso exterior e interior, el ciego se encuentra frente a Jesús y afirma su fe en El, y se postra ante Él. No basta de hecho que el nacimiento y el bautismo nos den la capacidad de ver. Los ojos no nos servirían si no vemos la luz, si no la reconocemos en el rostro de Jesús. La plenitud de vida y de la vista es la fe, que contempla y adora al Señor que nos ha creado, sanado, buscado y que se mantiene presente frente a cada uno de nosotros, y nos habla, esperando que entremos en comunión con El. La luz verdadera es una relación cara a cara con Cristo. Entonces debemos ver si en nuestra vida hay o no esta luz. Pues la peor ceguera es aquella que cree de ver sin tener necesidad de encontrar a Cristo. Jesús es la luz del mundo, y puede iluminar a quienes reconocen de no poseer la luz, pues solo quien la acoge como don, como la luz del sol cuando amanece, como la luz que salva. Quien acoge la luz de Cristo, no solo es capaz de ver, sino también de iluminar, de transmitir la luz de Dios que es la fe, y es la luz de Cristo que nos da la posibilidad de ver a Dios. El ciego curado y sanado, no solo se convierte, sino también es un testimonio de la luz. Hermanos quien se deja iluminar el corazón de la mirada misericordiosa de Dios será capaz de ver como Dios “El hombre ve la apariencia, el Señor ve el corazón”. Una vida distinta nace de una mirada nueva, y una mirada nueva inicia de una luz nueva, la que todo mira con los ojos de Cristo, con el corazón de Cristo. Feliz domingo!

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