DLA Columnas | 24/01/2017 | 1:00 am
Ya nada es lo que fue, Venezuela

Por: José Useche

Al observar el pasado inmediato, no se puede encontrar una frase que exprese mejor esa sensación generada por la triste realidad de Venezuela.

En 1814, Simón Bolívar, después ver arrasado al país por la Guerra de Independencia escribió: ya nada es lo que fue.

Nuestros signos, símbolos, formas, ideales, modos, ya no existen. El país suramericano ha desaparecido tal y como se conocía.

Ya nadie encuentra eso que solíamos llamar nación.

Los pueblos lucen sórdidos, aquejados, cansados, desesperanzados. Venezuela ahora es el reducto de una estrategia política totalitaria y despiadada que azotó a un pueblo noble pero torpe, humilde pero indisciplinado, una sociedad amable pero corrupta.

Mi niñez, desapareció; mi barrio es un desastre; mi escuela, un estacionamiento de niños; mi liceo, una excusa presupuestaria; las calles, un campo de batalla.

Es triste ver en los ojos la ausencia de esperanza. Es difícil encontrar futuro en las palabras porque todo se reduce a la inmediatez.

Mientras escribo esto, no dejo de pensar en la tristeza que debió sentir Emir Kusturica (y el pueblo balcánico) cuando representó la desaparición de la nación que habían construido.

Los hermanos hundieron sus cuchillos y jalaron sus gatillos cuando el momento lo ameritó.

Hoy, no dejo de pensar en la frase final de Underground (1995).

“Con dolor, tristeza y alegría, recordemos a nuestro país cuando contemos a nuestros hijos historias que comienzan como todas las historias: Había una vez una tierra…”

Había una vez una tierra llamada Venezuela...

Recuerdo que aunque humildes, éramos felices; aunque ignorantes, estábamos atentos; crecimos en barrios pero hubo oportunidades.

El sueño de un país mejor, se transformó en una pesadilla, muchos lo alertaron pero pocos los escuchamos.

Hoy no veo motivación, no veo la esperanza en ningún lado. Hoy más que nunca nacer pobre, ignorante y en suburbios es una condena.

La pobreza extrema crece, la pobreza por ingreso encima del 70% pronto se convertirá en estructural. La clase media que emigra lo hace cada vez con menos preparación y dinero.

Las ciudades son tomadas por criminales y las fuerzas de seguridad son hampones uniformados.

La calle donde crecí, hoy es una cárcel amurallada donde los vecinos temen salir, el almuerzo con proteínas es un lujo, y los contornos, una simple ilusión.

He visto los negocios de mis amigos cerrados, familias destruidas por la enfermedad, la crisis y la injusticia. He visto a padres y madres llorar ante la impotencia.

La estructura política es un desastre, el Estado es un cuerpo partidista y la ley un papel escrito en helvética para complacer la estética visual pero no para representar nuestras tradiciones republicanas.

Hoy José Tomás Boves cabalga más fuerte y agresivo que nunca. Ha regresado vestido de rojo, ha regresado más cínico y perverso. Ese catire ya nos ha jodido en varias ocasiones y ahora está sentado en el trono (con campos petroleros incluidos).

Detrás de él, un pueblo que busca desesperadamente parte del botín de la ciudad incendiada.

Bolívar no es santo de mi devoción, pero admiro la fortaleza que hubo en aquella época para limpiarse la sangre y enterrar a los muertos, para comenzar de cero la batalla.

Unos como yo, hemos huido. Otros quedan, y son ellos quienes  enfrentan al urogallo.

Venezuela, ya nada es lo que fue. Ha de crearse nuevas formas, ideas, símbolos y tradiciones, ha de aprenderse la lección y comenzar de cero, pero antes, hay que…

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