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Lolita Robles: una vida de leyendas Imprimir E-Mail
escrito por Judith Valderrama/DLA Táchira   
lunes, 05 de noviembre de 2007
Los espantos, las leyendas, los aparecidos y en definitiva gran parte de la cultura oral tachirense existirán por siempre, debido a que Lolita Robles de Mora recogió los relatos en decenas de textos, también ha publicado la colección de leyendas de Venezuela.

Los libros de Castellano y Literatura con los cuales estudió y estudian generaciones de venezolanos en bachillerato, también fueron hechos por sus propias manos, tecleando desde su antigua máquina de escribir y luego de haber perdido la visión en un accidente de tránsito

María de Los Dolores Robles de Mora es su nombre de pila, pero todos la conocen como Lolita Robles de Mora porque así van firmados los libros de texto de Castellano y Literatura con los cuales estudiaron y estudian un gran número de venezolanos en su bachillerato.

Su vida parece sacada de una novela literaria, ella y su obra son el testimonio más evidente de que la existencia grande y valerosa se construye por encima de cualquier dificultad que interponga el devenir.

Heredó de su padre la profesión de maestra y nunca ha dejado de serlo. Es una de las más prolíficas escritoras del país, superando los 80 textos de su creación, algunos inéditos, sin contar esos muchos que aún tiene proyectados construir desde su antigua máquina de escribir. 

Nada la detuvo en sus anhelos, a pesar que tropiezos de la vida han marcado hondo; primero la guerra la aparta de su tierra natal; luego un voraz incendio hace mudar a su familia  a otro lugar lejano; un accidente automovilístico la deja sin visión, y sus padres, quienes se habían convertido en su luz -porque le leían textos, periódicos y la acompañaban- mueren el mismo mes, del mismo año.

Tierra de príncipes

La historia de Lolita Robles florece en lejanos parajes, en tierras de tradición real. Nació en el Principado de Asturias, al otro lado del mundo, en España.

El padre de Robles de Mora era maestro de escuela y su madre ayudaba en la fábrica de calzado de la familia paterna, pero la guerra civil los obliga a huir hasta Cádiz en el otro extremo de España, donde llegan con sus dos hijas.

Otra vez la desventura

 "De la infancia recuerdo más Cádiz, allí crecí. Al mudarnos mi papá compró una granja y no trabajó más como maestro, se dedicó a criar gallinas, conejos, palomas y a la siembra de cultivos, pues era una etapa de mucha hambre debido a que recién había terminado la guerra".

La tragedia nuevamente les hace tomar vuelo, la tranquilidad en la granja se acaba cuando un voraz incendio lo arrasa todo; el padre de Lolita Robles quedó sin nada nuevamente y a través de la amistad con un influyente diplomático venezolano decide emigrar a Venezuela en los años 50 y comienza a laborar en el Ministerio de Agricultura y Cría.

Un año después sus hijas y su esposa atraviesan el Atlántico en un viejo barco, llegando a Venezuela. Lolita Robles recuerda que fue grato el encuentro con ese nuevo país, aun cuando extrañaba dejar de ver el sereno mar de Cádiz.

Se borra su luz

Ya en Venezuela, en su edad adulta, Lolita Robles se casa con un hombre de las Islas Canarias, con quien tuvo dos hijos. Dice que el amor no se busca, sino se encuentra.

En el plano profesional había completado sus estudios en la escuela Normal como maestra; estudió en la Universidad Católica del Táchira licenciatura en Letras y al finalizar inicia en el Pedagógico de Caracas, donde  obtiene el título de pedagogo en Castellano y Literatura; finalmente realiza una maestría en Literatura Hispanoamericana, luego de haber sufrido un accidente automovilístico casi fatal.

Como docente labora en casi todos los grados de educación básica, sobre todo en quinto y sexto. "He sido docente toda la vida".

La vida nuevamente somete a una prueba de fortaleza a Lolita Robles: "Veníamos entre Santa Bárbara de Barinas y el Táchira,   cuando tuvimos un triple choque, nos metimos debajo de un camión y otro carro que venía cruzando también se impactó, yo viajaba junto a mi amiga, quien conducía su Mercedes".

Relata que el accidente sucedió en 1975 cuando sus dos hijos estaban pequeños. Lolita Robles de Mora confiaba que pronto se repondría y volvería al aula de clase como maestra, pero no fue así: perdió la visión y aún hoy no la recobra, sólo lo ha hecho en una historia de papel y pluma.

Se hizo escritora para seguir siendo maestra

A raíz del accidente donde Lolita Robles de Mora pierde la visión  se inicia otra faceta en su vida, la de escritora, con la cual alcanza gran popularidad en el Táchira y el país.

"Comencé con los libros de textos; claro, fue bastante difícil aprender a vivir luego del accidente. Haz la prueba y camina por tu casa sin abrir lo ojos, a ver si puedes, no diría yo difícil sino desesperante".

Su esposo compró los equipos y Lolita Robles se convirtió en radioaficionada, también comenzó a escribir libros de castellano y literatura para cada uno de los grados de bachillerato y sus textos se convierten en consulta obligada en todo el país. 

"Cuando empecé, busqué una persona que me leyera la agendita con todas mis anotaciones del programa de bachillerato y por allí me fui guiando; al principio tardaba casi el año haciendo un libro porque me estaba acostumbrando, luego los hacía en seis meses y por último hasta en tres".

No recuerda con exactitud la cantidad de libros publicados hasta ahora, son muchos relacionados con Castellano y Literatura e historias de tradición regional y nacional.

Con precisión rememora los primeros relatos que narró de forma escrita, señala que un día le contaron la leyenda del Toro Candela, posteriormente una historia fantástica de Táriba y seguidamente la leyenda de la quebrada La Ratona. Fue tomando notas y guardándolas; recuerda también que algunos amigos iban a casa o la llamaban por teléfono y le exponían relatos del Táchira, pues Robles de Mora poco salía de su hogar luego del accidente, dice que sentía temor para hacerlo.

Inició sus escritos sobre leyendas pensando en convertir esas fantásticas historias orales en textos, con la intención de guardar para la posteridad parte de la cultura local. 

"Todo está hecho con mis deditos"

Cada texto realizado por Lolita Robles de Mora está hecho por sus deditos -como ella misma dice-. La persona que le ayuda lee lo que ella escribe para hacer luego las correcciones.

Dice que sus leyendas del Táchira están recreadas con el paisaje de la región: "Si me dicen de La Grita, recuerdo sus calles empinadas o reviso geografía, pero no he hecho más porque me hace falta la persona que me ayuda, no siempre viene".

Señala Robles de Mora que no ha pensando en realizar novelas literarias, pues observa que a su público favorito, los niños, les gustan más las leyendas.

La autobiografía tampoco es parte de sus aspiraciones, más cita un cuento de su creación llamado "destellos azules", donde ella recobraba la vista en un amanecer.

Lo inédito en el cajón

Al llegar a su biblioteca señala con orgullo un pergamino que la hace hija ilustre de San Cristóbal. También cuelga en el salón placas de reconocimientos y un gran diploma que la titula como licenciada en letras. Pero su objeto más apreciado, el mismo que le hace fiel compañía desde que perdió la visión, está allí sobre la  mesa, cubierto con una tapa de semicuero que Lolita Robles acaricia: se trata de su máquina de escribir, de donde han salido todos y cada uno de sus textos.

Otra serie de libros inéditos reposan en su biblioteca sin ser publicados, refiere que es difícil editar hoy día porque se están trayendo muchos libros de textos del exterior, a pesar de considerar que no están adecuados al país, porque no describen sus detalles y su realidad.

 

"A los muchachos no les gustan los poemas"

Aparecidos, mitos y leyendas

Lolita Robles maneja una agenda diaria como escritora, procura ejercitarse permanentemente y es invitada con regularidad a algunos círculos culturales y reuniones, pero asegura disfrutar sobre todo de los encuentros con niños, con quienes tiene estrecha relación; algunos pequeños se acercan con afecto y curiosidad infantil, sólo para preguntarle qué pasó con algún aparecido de sus leyendas.

Sobre el Táchira la escritora recoge siete libros, entre ellos biografías de personas ilustres, poemas, Mitos y Leyendas del Táchira, historias de encantamientos y Mitos y Leyendas de San Cristóbal. "Te diré algo, a los muchachos no les gustan los poemas sino las leyendas; y mientras más tétricas mejor para ellos".

Su deseo por seguir escribiendo sigue más vivo que nunca, en su amena conversación puede hablar con propiedad de otra serie de libros que tiene previsto escribir y aspira lograr publicar.

Así mismo sumando ligeramente las historias que ha creado basada en la tradición oral, alcanza más de mil contadas con sencillez y un conocimiento excelso del idioma.

Por último Lolita Robles confiesa a los muchos seguidores de sus mitos, leyendas y cuentos que nunca se la ha aparecido ningún espanto, ánima o duende, y dice conocer la razón: "Es que a mí ellos me respetan porque yo los conozco mucho de tanto escribir sobre ellos".

 
Cámara de Comercio e Industria del Estado Táchira

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